martes, 9 de noviembre de 2010

El terrorismo

TERRORISMO, Y LO PEOR QUE HAY EN EL HOMBRE

Por Martín Huerta




El terrorismo es un acto de violencia planificado, con muertes inmerecidas y, venga de dónde venga, es abyecto, cobarde y debe ser condenado. Al parecer, en el mundo hay personas y entidades vinculadas con delitos de terrorismo que cuentan con aceptación y defensa de ciertos gobiernos y grupos de presión, que meten sus fauces para que otros gobiernos no investiguen ni condenen.


El terrorismo es lo peor que hay en el hombre. Es un acto de barbarie para atemorizar sistemáticamente a la gente, produciendo destrucción y muerte con acciones planificadas, con afán político... o de lucro. Según Albert Camus, un caso de terrorismo en el siglo XIX fue el del escritor ruso Fedor Dostoievski, un nihilista cercano al anarquismo que buscó la libertad del hombre. Recordemos que por un atentado terrorista a Francisco Fernando, archiduque de Austria, comenzó la Primera Guerra Mundial que trajo la muerte a 8 millones de seres.


En el siglo XX, en América Latina, a través de los gobiernos militares y las “revoluciones” izquierdistas convertidas en dictaduras, devino este flagelo. Chile no es un país que haya estado ajeno al terrorismo de izquierda y al de derecha, que comenzó con la muerte del general Schneider en 1970; en 1971, la de Edmundo Pérez Zujovic, luego, en el régimen del general Pinochet, comenzó el terrorismo de Estado: las muertes del general Carlos Prats y su esposa en Buenos Aires, también el atentado a Bernardo Leighton y esposa en Roma, luego la muerte de Orlando Letelier en 1976. Todo esto trajo, creo, como consecuencia la muerte del senador Jaime Guzmán en 1991.


El terrorismo es un acto de violencia planificado, con muertes inmerecidas y, venga de dónde venga, es abyecto, cobarde y debe ser condenado. Al parecer, en el mundo hay personas y entidades vinculadas con delitos de terrorismo que cuentan con aceptación y defensa de ciertos gobiernos y grupos de presión, que meten sus fauces para que otros gobiernos no investiguen ni condenen. Lo vemos con la denegada extradición de Galvarino Apablaza, un violentista presumiblemente involucrado en la planificación y muerte del senador Guzmán, para ser investigado en Chile bajo un régimen de derecho.


La Ley Antiterrorista fue promulgada en 1984, bajo Pinochet, y desde ahí ningún gobierno se ha propuesto derogarla y creo que su prevalencia ayuda a combatir el flagelo. Arrasar sembradíos y predios, atentar a balazos casas con familias en su interior, quemar camiones y establos con animales, no lo considero una acción reivindicatoria de generación espontánea, sino actividades intimidatorias planificadas y ejecutadas bajo la vigencia de esta ley.


En La Araucanía, al parecer (excepto Carabineros, que también son irrespetados), nadie se preocupa de las familias afectadas, de los niños y mujeres que no pueden dormir, donde la angustia y la pérdida de bienes son una constante.


El Estado debe dar garantías de justicia a todos. Mientras actúe dentro de la legalidad, nadie en el mundo tiene jurisdicción para pedir cuentas ni condenar a ningún gobierno ni persona. Con todo, en vez del cambio a la Ley Antiterrorista en el caso mapuche, hubiera sido mejor condenar y luego rebajar penas vía indulto. En Chile, siempre se ha indultado, hasta gente relacionada con drogas y no se han dado explicaciones.


FUENTE:http://www.nacion.cl/noticias/site/artic/20101026/pags/20101026201429.html

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